Labores del árbol encanijado. Los árboles de nuestra ciudad tienen su cometido

Caía la noche, pero muy despacito, como para no hacerse daño. Una viejecita gritaba a los árboles todo lo que se le ocurría, por lo que apenas repetía la misma frase una y otra vez. Los árboles la ignoraban, porque casi era la hora de expulsar dióxido de carbono, lo que resulta muy liberador para…

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