La linterna mágica. Reflexión sobre el equilibrio del universo

Hace unos años, durante uno de mis paseos nocturnos, un vagabundo al que negué limosna me tiró a la cabeza una linterna; yo acepté su limosna, y la guardé.

La probé en casa, pero, por más pilas que introduje en ella, no logré que funcionase. Entonces vi claramente que se trataba de una linterna mágica que revelaba los sentimientos y pensamientos reales de la persona iluminada por su foco. El problema era que funcionaba con pilas también mágicas, fabricadas por una tribu milenaria de la China. Como sólo existía una linterna, dicha tribu se veía obligada a vender las pilas carísimas porque eran su única forma de subsistencia. Cuando la linterna se extravió y cesó la demanda de pilas, la tribu murió de hambre y de pena porque se sintió muy prescindible. Por eso hoy día es imposible encontrar pilas para la linterna mágica en cuestión; además ya nadie sabe dónde queda exactamente la China; hay trocitos de ella diseminados por todas partes —en mi barrio hay al menos veinte trocitos—. Así que el objeto mágico me resultó del todo inútil.

A la noche siguiente, busqué al vagabundo y le pedí una limosna. Él me la negó, así que le tiré la linterna a la cabeza y él, aceptando mi limosna, se la quedó. Antes de marcharme le di una patada, porque soy rencoroso y no me gusta que me tiren trastos a la cabeza, por muy mágicos que sean. Desde entonces, y hasta que él me devuelva la patada, el mundo no gira como es debido. Y a mí plin.

Felipe Santa-Cruz

Relato extraído del libro Rutinas

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