El perchero y el sillón. Reflexión sobre el rigor de la ley

Una vez me pareció escuchar a un honrado ciudadano que se dirigía así a un policía: «No entiendo sus imprecaciones. El silencio administrativo es positivo; el mosqueo ante la impasibilidad de un funcionario es negativo. Los signos contrarios se atraen. Por eso chocó mi cabeza contra la nariz del señor de tráfico». Luego me fijé mejor, y me di cuenta de que sólo eran un perchero y un sillón comentando la horrible decoración del salón. No los quise interrumpir, de modo que dejé mi sombrero encima de la lámpara y me senté en la maceta. Cuando volvió la señora de la casa la increpé malhumorado por haber elegido muebles decorativos en vez de funcionales. Ella, a su vez, me increpó por haberme sentado sobre su maceta. No me gustó nada su tono, así que la golpeé con la frente en la nariz. Automáticamente, el perchero sacó unas esposas del bolsillo de un abrigo, y me llevó detenido. Fíjese usted qué cosas…

Felipe Santa-Cruz

Relato extraído del libro Rutinas

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