Muere el más excéntrinco e internacional de nuestros pintores. Rodolfo Estrangüello, descanse usted en paz

El pasado martes fallecía Rodolfo Estrangüello, aquel archifamoso pintor, divino para los hombres, insecto para las mujeres. En nuestra retina quedarán ya para siempre aquellos bellos lienzos. También retendrá nuestra memoria las múltiples excentricidades que componían su vida diaria. Entre todas ellas, quizás la más llamativa es aquella que él mismo relató durante una entrevista para la cadena pública de nuestro país. Aseguraba en ella que rara vez utilizaba las escaleras de su edificio para subir, lo mismo que no solía tomar el ascensor para bajar. Muchas fueron las teorías enunciadas para explicar tal comportamiento. Cada uno de los tres periódicos del país se esforzó sesudamente en elaborar una. El primero en pronunciarse fue el entonces conocido como La letra, en cuya hipótesis nos centraremos por parecernos la más acertada.

Tras una larga introducción que repasaba la historia de la pintura desde Atapuerca y Lascaux hasta el presente, estableciendo cientos de similitudes entre las excentricidades de los pintores que, como pinceladas, habían “cuajado el lienzo de la historia” (cita literal del artículo), resolvían el enigma: “El recorrido del ascensor dibuja líneas verticales en el mundo. La escalera caracolea, y es la curva. Las líneas verticales de abajo a arriba simbolizan la sublimación, el ascenso de la materia al éter. Al contrario que la línea vertical que, desde arriba, baja. Por ello no quiere tomar nuestro divino artista el ascensor sino para subir a su casa; la bajada en el electrodoméstico lo conduciría irremediablemente a la decadencia artística, moral y física. Por otro lado, el movimiento circular de las escaleras gira en el sentido contrario al de las agujas del reloj cuando se sube (siempre hablando del bloque habitado por nuestro genio), y en el sentido de las agujas del reloj cuando se baja. Está clarísimo que nuestro pintor siente la necesidad de renovarse. Baja las escaleras de forma favorable al paso del tiempo, en el sentido de las agujas del reloj. Y nunca las sube, porque el movimiento contrario a las mentadas agujas le haría retroceder, por ejemplo, a su etapa simbolista”.

Opinen ustedes mismos, si pueden, al tiempo que lloran la muerte de aquel baluarte caído de las artes de nuestro país.

Felipe Santa-Cruz

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