La pesadilla de conducir. Ciclistas, conductores histéricos y otros peligros de la carretera

El peor momento de mi jornada no sucede mientras estoy trabajando, no. Mis momentos más odiosos transcurren en el coche. ¡Qué horror! Conducir se ha convertido en toda una tortura. Entre los radares móviles, fijos, volubles, infieles; los helicópteros, que ya no puede uno ni maquillarse en el coche, hombre, por dios, dónde vamos a llegar. Pero incluso peores que las multas y que esta nueva generación de policías y guardias mirones son los propios usuarios de la carretera.

Tipos de usuarios. Hay 10:

  1. El del carril izquierdo con la ley en la mano. Sí, este es el que conduce por el carril izquierdo forever. Eso sí, siempre circula a la velocidad estipulada por las señales de tráfico. Va por la autopista a 120, ve una señal de 90, y frenazo estrepitoso. Pero, so cabrón, ¿no te das cuenta de que vas a matar a alguien?, que te van a dar por detrás. Si vas a ir más lento, pásate a la derecha. Y el muy ceporro va genial con su aire acondicionado y su cara de cateto porque él va cumpliendo la velocidad. Se dice a sí mismo, hujoputísima el tío, yo voy bien por aquí, porque voy a la máxima velocidad permitida. Pero es que el carril izquierdo no es para ir a la máxima velocidad permitida, buen hombre, es para adelantar. ¿Tú estás adelantando? No. Pues vete a tomar por culo ya y déjanos llegar a casa a la hora de Los Simpson.
  2. El de la putada milimétrica. Este es para tortearlo. Es el que va lentito en las vías de un solo carril y un solo sentido. Muy lento, en serio, horrible, pero justo llega al semáforo, ve que se va a poner en rojo, y, plin, acelerón coqueto para pasar en ámbar. Y tú vas detrás y te comes los cinco minutos de espera hasta que se vuelve a poner en verde, mientras te cagas en su padre, en su madre, y deseas que esté a punto de tener un hijo para cagarte en toda su prole también. ¿Cómo lo hace? No se ha descubierto todavía. La cosa es que siempre llega al semáforo justo a tiempo para joderte la vida.
  3. Los señores salen de paseo. Esto ocurre en los alrededores de los pueblos: señores y señoras de edad madura que salen a pasear a eso de las once de la mañana, pero nada de caminar, que así no jodo a nadie, no, yo voy en mi coche, a treinta, y miro el campo de mi izquierda que es de Juan, el hijo de Charrito, que murió cogiendo naranjas en mayo del sesenta y… tres, me parece que era. Y STOP! STOP! STOP! porque a la izquierda ¡hay una obra! Frenazo profundo, ventanas de par en par, y ese viejo girando el cuello a todo lo que dan sus vértebras. Y tú pita que te pita, ¿para qué? No te va a oír y, si te oye, le va a dar igual porque ese operario no está mezclando bien el cemento y él lo va a mirar con superioridad hasta que se sienta realizado.
  4. El del móvil. No los descubres desde el principio. Por lo pronto tienes un coche delante que se desenvuelve raro. Y tú lo miras, sólo le ves los ojitos por el retrovisor. Tiene sombra ojos, es una mujer… probablemente o un gótico, o Guti. Dejémoslo en mujer. Y te preguntas a esta tía qué le pasa. Y, ¡ah!, aparece el móvil en su mano derecha, izquierda si ve a la policía. Gritas y gritas, haces gestos, voceas a tu luna delantera: “¿quieres dejar el móvil y conducir como Raikkonen manda!”. Olvídalo, no va a parar, de hecho, justo le está contando a su amigo tío, tengo a un histérico detrás que flipas. No sé qué le pasa que no para de pitarme.
  5. El guiri. El guiri va mouy despasito pourque no conose los calles, ¿sí?, ¿se dise calles? Y se detiene en un cruce para abrir la ventana a preguntar excuse me, callie Gavier Guiménez? De verdad, señores guiris, si no saben pronunciar la jota, búsquense hoteles en calles más sencillas. ¿Se van a ir a la calle Javier Jiménez? No tiene sentido. Van a tardar dos horas en preguntarle a una gótica que se han encontrado en el cruce; ella va a tardar otras dos horas en entenderlos, y al final les va a decir qué va, no tengo ni idea, y yo voy a estar detrás cagándome en todo y en el Reino Unido y en la madre que los unió.
  6. El gitano. En fin, el tipo este que opina que las normas de tráfico son para otros, que ellos están totalmente legitimados para girar a la izquierda en el cruce, por mucho que para el resto del mundo esté prohibidísimo.
  7. El ciclista cabrón. No hablo tanto del ciclista de ciudad, ultra cívico y votante izquierdas, independentista si es catalán. No, yo hablo del que se enfunda el maillot, que le queda horrible y ridículo, y va por la carretera con todos sus huevazos apretados y al borde del estrangulamiento. Pero el tío va feliz porque va jodiendo al mundo, que le jode a él obligándolo a ponerse un maillot horrible para ir a la moda y para poder decir en su ofi sí, yo monto en bici todos los días una hora, cojo por la carretera de Salteras. ¿Sí? ¿Y se va bien por ahí? Sí, sí, muy bien, muy bien, te paso la ruta por WhatsApp. Que estáis obsesionados con encontrar lugares comunes, que la ciudad no es un descomunal polideportivo al aire libre. Las carreteras son para todos, pero tienen un fin concreto, el desplazamiento. Si vas a hacer deporte, encuentra un lugar en el que no molestes. ¿Te gustaría que un cazador practicara en el parque al que llevas a tus hijos o que un pescador echara la caña en las piscina municipal? ¿No? Pues a mí tampoco me gusta ir en mi coche a velocidad normal y encontrarme tras una curva a toda una panda chupi guay de colegas que han quedado para joderse el sábado a ellos y a todos los que puedan, por ejemplo a mí, que tengo que matarme a  frenar, con el perro gravitando por la parte de atrás, anclado con su cinturón de seguridad. Y luego, claro, maldiciones por mi parte, y ellos con su cara de tenemos derecho, está permitido. Ya. Muchos derechos y muy pocos deberes tenéis vosotros. Hay un hombre que lleva un año sentado en un banco frente a un carril bici, porque en su día dijo cuando cuente diez ciclistas, me levanto y me voy a casa. Dese la vuelta, buen hombre, y mire a la carretera, que va a durar un minuto sentado. Y, que lo sepáis, tenéis derecho a circular por carretera sólo porque está de moda ahora. En cuanto el mundo recupere la cordura pos fiebre deportiva, se os acaba el chollo. Claro que para entonces ya os gustará otra cosa, no sé, algo que también toque las pelotas al prójimo, pero ya no será la bici. Pero, volviendo a vuestra cara de tenemos derecho, está permitido, dejadme que os diga que no sois tan legales, básicamente porque también sois seres humanos y cometéis atrocidades al manillar como otros las cometen al volante. ¿Y qué hacemos entonces los conductores? ¿Qué nos defiende de vosotros? Sí, digo, porque vosotros lleváis una camarita en la cabeza, que parecéis teletubbies, y si os adelantamos nos grabáis, y entonces salimos en todas las cadenas y todo el mundo nos señala con el dedo mientras dice qué cabrón, tendría que matarse, que le quiten el carné. Pero ¿y cuándo sois vosotros los que adelantáis por donde no es? ¿Qué pasa si tengo que frenar por culpa de un ciclista, me salgo de la carretera y mi novia y yo estamos a punto de matarnos? Ni yo llevo cámara de vídeo en el capó, ni el ciclista lleva matrícula. Así que, si un ciclista la caga, estoy totalmente desprotegido ante un irresponsables, vanidosos y egoístas que antepone el divertimento propio a la seguridad ajena. Porque las cosas como son, sois un estorbo peligroso. Circuláis mucho más despacio y sois menos visibles que el resto de vehículos. Yo, siendo más grande (cuando voy en el coche, claro), tengo que llevar luces de posición, de frenado, y a menudo de cruce o antinieblas. ¿Qué llevan los ciclistas? Y no digo uno entre un millón, digo la mayoría, porque los coches con luces de posición no son la excepción.
  8. El drogado y/o borracho. Gracias a dios, a las horas en que yo cojo el coche no suelo cruzarme con este tipo de conductores. Desde luego son el paradigma del egoísmo. Y, mira, si no te importa tu vida, date un chocazo, pero en tu casa y contra la pared, donde no destroces la vida de nadie.
  9. El histérico de la velocidad. Este es muy parecido al tipo 1. Piensa que el carril izquierdo es suyo pero, en este caso, no porque vaya a la velocidad marcada por la ley, sino por su propia ley, la ley de la velocidad, porque vive en The fast and the furious. Como va más rápido que el coche de delante, pues le pita, le hace luces, le da un toquecito en el culo, porque tengo derecho, cabrón, ¿no ves que voy más rápido que tú? No, no, no. Repetimos. El carril izquierdo es para adelantar. Si el coche de delante va más rápido que los coches que circulan por su derecha, pues el tipo está adelantando, así que déjalo en paz, tómate un válium y vete a estamparte a la casa del conductor del tipo 8, porque estás provocando el mismo mal que él.
  10. El monorraíl. Este es un tipo curioso. Es un conductor inmovilista. Él ha salido de casa, ha arrancado el motor, ha entrado en la autovía, ha elegido el carril de la derecha, o el de la izquierda, o el del centro (da igual), y por ahí va a circular hasta que encuentre su salida o hasta que se quede sin gasolina. No importa que vaya a 60, que haya un ñu muerto justo delante, que el carril esté cortado por obras; no parará hasta que vea una señal que le indique Sanlúcar 1.000 metros. Entonces sí, con todo el pánico del mundo, pondrá el intermitente y se desplazará tapándose los ojos hasta salir de su carril.

Qué bonito sería, no sólo que cumpliéramos las normas de tráfico, sino que pensáramos en el prójimo, que no molestásemos a nadie si no fuese imprescindible. Llegaríamos antes a los sitios, menos estresados y con todas las partes del cuerpo. Pero ¿qué se le va a hacer? Somos la ramita más gilipollas del superreino eukaryota.

Con respecto a los ciclistas, ya sé que he sido duro, pero de verdad, cuarentones, no podéis permitir que las grandes marcas de deportes y cosméticos gestionen vuestra crisis de los cuarenta. Si escarbáis, seguro que encontráis algo de personalidad en alguna parte, pero no en el iPhone, porque os vais a meter en la aplicación de Nike, y ya vais a empezar otra vez con lo de mira mi ritmo cardíaco de ayer, tío, la semana pasada mejoré mi récord, etcétera, y os vais a perder otra vez en un laberinto de inseguridad y estupidez.

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2 comentarios en “La pesadilla de conducir. Ciclistas, conductores histéricos y otros peligros de la carretera

  1. Hola, Felipe. Imagino que te habrás quedado bien a gusto después de vomitar todo esto en la pantalla de tu ordenador. Te comprendo. Vaya si te comprendo. Y para que veas cuánto añadiré un nuevo tipo de usuario cabrón al volante, el que hace el número 11: el taxista que conduce ocupando dos carriles por si en algún momento tiene que esquivar a uno de sus colegas que haya tenido la mala ocurrencia de detenerse justo delante suyo a dejar o subir a algún usuario a su taxi. Por cierto, no sabía que te maquillabas en el coche. Imagino que lo harás con el coche detenido, no vaya a ser que se te corra el rímel. Un abrazo.

  2. Perfecta añadidura, Pedro. La verdad es que, si nos adentramos en el mundo del taxi, podemos componer un decálogo de calamidades sólo con sus profesionales.
    Respondiendo a tu pregunta, me maquillo en los semáforos y nunca consigo mantener la boca cerrada mientras aplico el rímel a mis pestañas. No puedo dejar de recomendártelo, se llega con otra cara a los sitios. El otro día en Hacienda incluso me trataron como a una persona, mientras despreciaban a todos los que iban sin maquillar. Porque saben que un tío que no se sale de la línea del ojo por las mañanas y usa la cantidad adecuada de colorete, no se permite errar al rellenar su declaración de la renta.

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