Hablemos de lo que odias. Disertación sobre la naturaleza humana

¡Qué fácil es hablar de lo que uno odia! Es irónico. Mostramos mayor reticencia a comunicar lo que nos agrada que lo que detestamos. Por ejemplo, ese compañero de trabajo con el que te juntas para el café y que de seguro está so in love de su chica pero jamás le has oído más de tres palabras seguidas sobre ella. Sin embargo, él solito sacará el tema del hijo de puta de su vecino que pone la televisión tan alta que mil flechas le asestaría, o de Fran que ¿de qué va?, siempre dejando los informes atrasados para que los haga otro. ¡Haz tu trabajo, joder, los demás hacemos el nuestro! No, tío, es que si fuera sólo una vez, pero lo hace siempre, y luego don Francisco me viene a mí y me dice oye, el plan de tesorería que pedí, ¿está ya? Y qué le digo yo “No, el capullo de Fran se lo ha pasado por los huevos”. Pues no, voy, lo hago y se lo entrego, aquí tiene don Francisco, es que hemos estado muy liados. “Que no vuelva a pasar”, me contesta él, y yo me cago en los muertos de Fran.

Otra prueba de que lo que digo es cierto la tenemos en la política. ¿De qué hablamos los españoles? ¿Qué queremos leer cuando compramos el periódico? ¿Qué nos gusta oír en la radio? Y la pregunta más certera, ¿por qué ves La Sexta? Pues para odiar a los políticos ahí en tu salón y en tu coche y en la bañera y en el café, incluso en el parque, ¡qué feo odiar en un parque!, con todas las palomas delante, hombre, eso no se hace, vete a un hotel. Y, la última pregunta, ¿para qué queremos odiar en todos esos sitios? Pues para compartirlo luego, para hablar de ello, para odiar en comandita mientras saboreamos un gin-tonic y repetimos lo que oímos anoche en La Sexta, con la frente muy alta porque Rajoy es un sinvergüenza, y nosotros somos súper honrados.

Y quien me lea, dirá: “Mira tú el santurrón. ¿Qué, toda la sociedad es estúpida y tú estás fuera de ella?”. No, para nada, de hecho, yo mismo, que odio el fútbol con todas mis fuerzas y adoro la lectura con todas mis flaquezas, ¿de qué hablo en el blog? Pues de fútbol. Me cago en los muertos del fútbol en cada post, siempre que tengo la ocasión, en cuanto se abre un poco el hueco, balonazo a Mesi en toda su cara de paleto. Y ¿cuántos libros he comentado? ¿Cuántas reseñas habéis leído en mi blog? Pues ninguna. ¿Por qué? Porque me da pudor, porque ahí está mi corazoncito, mi parte amable, me pongo tierno y amoroso. Alguien puede argumentar que podría hablar de la parte de literatura que odio. Pero no, es imposible. Si hablo de literatura, hablo de la buena, la mala no entra en mi vida, y no puedo odiarla porque la desconozco. Y el odio, el odio puro, y no los prejuicios, es como el amor, que no existe sin previo conocimiento de la cosa. Y yo no quería conocer el fútbol, pero es que está hasta en este post.

You choose - Prosilas Moscas

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