Hasta los huevos del fútbol

No es ya sólo el Mundial (felizmente finalizado), ni tan siquiera los partidos de Liga lunes, martes, miércoles, jueves, viernes, sábados, domingos y seguro que inventan un día más sólo para poder jugar más fútbol profesional y retransmitirlo en el canal de televisión que más pague y en todas las cadenas de radio, joder que dentro de nada van a hablar de fútbol en A todo Jazz, a duras penas se está salvando Radio 3. No, no, aún peor es el resto: el programa de fútbol-cotilleo de después de comer, y el de después del café, y el de antes del gin-tonic, y el de por la noche ya después de cenar que dura hasta después de follar, y la sección de media hora en mitad de tu tertulia política favorita, y el comentario rápido del último fichaje justo cuando tú te dices ya seguro que no hablan de fútbol porque están citando a Baroja y el comentarista Borgésfilo no va a dejar pasar la ocasión para apuntar que Baroja, vale, pero que Borges, mucho mejor, y todo esto en agosto, que no juega nadie a la pelota, ni los niños en el parque por miedo al asado instantáneo.

Pero es que es peor, porque ya incluso hay fútbol en cada anuncio de televisión. Que tú estás compungidísimo pero muy intelectual viendo Melancholia, súper ceñudo, y de pronto, Mesi, Ronaldo, botas de fútbol, y toda tu intelectualidad a la mierda, la cabeza llena de balonazos y de tienes que comprarte esta colonia porque es la de los campeones, igual que este pan de molde que es el que come La Roja y con estas natillas vas a jugar tan bien como este tipo que, además, mira qué cochazo y qué pivón porque marca goles porque come natillas y qué cochazo y qué pivón porque marca goles porque come natillas STOP!

Y cuando hay partido… A ver dónde te metes. En tu bar de copas habitual, pantalla de televisión dentro y fuera; en tu casa, el vecino, que es muy cabrón cuando los ruidos los haces tú, parece haber instalado en su salón los amplificadores del último concierto de los Rolling y ya está haciendo vibrar hasta las pelusas bajo tu sofá; en la tasca de la esquina no hay tele, pero del comentarista de radio encocado gritando gol no te libra nadie.

Así que, a todos los que os embrutecéis con el fútbol (que no son todos los fans, pues también los hay muy cívicos), que lo sepáis, nos estáis haciendo vivir un auténtico calvario. Como la cosa siga así me voy a recorrer la ciudad leyendo a voz en grito Cien años de soledad. Pero de verdad, sin gracia. Cuando te estés tomando un café, ahí te voy a gritar en la oreja todo lo de Melquíades y José Arcadio Buendía. Y sobre todo, cuando estés tomando una copa viendo un Madrid-Barça, cómo voy a disfrutar Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano… a lo bruto all around tu mesa, tapando la pantalla, sobre tu copa, en tus panchitos, leyendo tan cromañón como tú ves el fútbol, que no hace falta gritar tanto, joder.

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